jueves, 16 de mayo de 2024

Capítulo 4 - El Hombre Pelo y Gatoni

 




De pronto, El Hombre Pelo, que había sido llevado por el Viento a la habitación de unos niños, se dio cuenta de que estaban muy callados. Miró a las camas y vio que todos estaban dormidos. No podía quedarse allí. Seguro que, a la mañana siguiente, se lo contarían a su madre y tendría que dar explicaciones. Según estaba pensando esto, apareció el gato de la familia. Pasó por su lado, le olió y el Hombre Pelo se le quedó pegado a los bigotes. Con el movimiento le empezó a hacer cosquillas y salió corriendo por el pasillo. El Hombre Pelo se agarró con fuerza al bigote del gato y se preparó para una nueva aventura.


El gato se dirigió a una puerta como si estuviese poseído. Se iba a lanzar contra ella. Pelo pensó: "Este gato está loco, se va a estampar contra esa puerta". Él quedaría también hecho trizas, espachurrado como un moco seco en un pañuelo, cuando la cabeza del gato y él se estrellasen contra la madera.


Pero ocurrió algo fantástico. Cuando se esperaba el golpe fatal, la madera cedió y el gato salió al exterior. Había una puertita movible por la que, seguramente, siempre salía. Eso no le libró de seguir horrorizado. Frente a ellos la noche oscura y un frío de congelador de nevera les esperaba. No quería soltarse de los pelos del gato porque podía ser peor, caído entre la hierba podría ser devorado por los Seres de la Noche, que veían en la oscuridad y que estaban dispuestos a zamparse cualquier cosa que se moviese.


Después de dar un montón de vueltas a la casa corriendo a todo correr, el gato paró. Sin ninguna explicación, sin ningún motivo aparente, el gato paró. Los gatos son muy diferentes a los perros, no son predecibles. Siempre hacen lo que les da la gana. Y, si intentas entenderles, mirándoles, se te quedan con los ojos fijos que parece que te dicen: "Como me quieras hacer algo te enteras". Mientras estás intentando comprender lo que ocurre, salen disparados, como si les persiguiese su mayor enemigo. 


Así que, el gato se paró de repente y Pelo fue a parar al suelo. Menos mal que la arena era blandita. Allí tirado pensó que era su último minuto, que se lo comería inmediatamente. Pero no fue así. Empezó a lanzarle la pata sacando sus uñas. Parecía jugar, pero ese juego podía ser peligroso. En una de esas patadas Pelo se enganchó a una de las uñas. El gato se lo llevó a la nariz para olerle. Pelo se vio morir, pero no. Le puso en el suelo y le miró fijamente. Pelo le gritó: "¡Por favor, no me comas, tengo muy poca carne!". A lo que el gato respondió con gesto de sorpresa levantando las orejas. "Sólo estoy jugando contigo, creía que te gustaba. Mi nombre es Gatoni" y le acercó una pata para saludarle. El Hombre Pelo no sabía si responderle o salir corriendo. Decidió ser educado y darle la mano. Gatoni quiso hacerle una gracia y retiró la pata justo en ese momento. Pelo pensó: "Decididamente no entiendo a los gatos".


Gatoni comprendió que Pelo no iba a ser su mejor compañero de juegos, así que, le puso sobre su cabeza y comenzó a andar muy elegantemente, hasta llegar a una casita de madera que los niños tenían en el patio. Allí le puso sobre una mantita y, dándose la vuelta, salió por la misma puerta por la que había entrado. A Pelo le pareció ver un gesto de desprecio por no haber jugado con él.


Fue lo último que vio, había muy poca luz. La luna era aún del tamaño de un plátano y apenas iluminaba. Cerró los ojos, agotado, y se quedó dormido.


¡Kikirikí!. Pelo abrió los ojos. ¡Kikirikí!, cantó el gallo otra vez. Pelo miró a su alrededor y recordó vagamente la aventura de la noche anterior. Se puso de pie dispuesto a irse de allí, no fuese a venir otra vez ¿cómo se llamaba? ¡Ah sí!, Gatoni. No fuese a venir Gatoni con ganas de jugar.


Afuera ya empezaba la actividad. El cielo empezaba a ponerse azul claro. La noche se estaba yendo en el horizonte. Pelo se puso a andar por un camino lleno de piedras. Qué bien le vendría ahora su amigo Viento para salir rápidamente de allí. Pero eso no dependía de él. Viento se presentaba cuando le daba la gana, a horas diferentes. Y tan pronto soplaba durante días, como dejaba de hacerlo durante semanas.


Mientras andaba, Pelo iba mirando al horizonte. Unas montañas preciosas tenían nieve en sus picos. Pero estaban tan lejos que tardaría días en llegar a ellas. 


¿Y eso que hay junto al árbol, tirado en el suelo, qué es?. Se fue acercando poco a poco, por si acaso. De pronto, aquello se empezó a mover. Sorpresa. Era su amiga Alfombra Mágica, a la que conoció en un lejano país que llamaban Persia. Alfombra Mágica también quedó sorprendida al ver por allí a su viejo amigo, el Hombre Pelo.


"Pelo ¿qué haces tú por aquí?" Pelo no dudó ni un segundo: "Si me llevas volando a aquellas montañas, te cuento lo que he vivido en las últimas horas". "Eso está hecho, sube" dijo Alfombra Mágica. "Sube que nos vamos".


Ilustración: Violeta Pérez

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